Básquet en Datos

basquetendatos.com

Blog · Básquet en Datos

El básquet explicado con datos

Análisis con estadísticas avanzadas

Yale femenino 2026: seis pilares, menos rebote y una Serie 1 que se endureció

Yale llegó 4-4 a la ronda alta, pero su rebote ofensivo cayó diez puntos y la defensa perdió 12,8 por cada 100 posesiones estimadas. Seis jugadoras concentran el 80,7% de los minutos.

yale femeninolfb 2026liga femeninamartina marinogisel bottapaola alegre

Yale llegó a la Serie 1 de la LFB 2026 con un registro equilibrado y una defensa que le permitía competir aun cuando el ataque no encontraba un retorno alto. El 4-4 del Clasificatorio escondía una diferencia de apenas -1,5 puntos por partido. En la ronda alta, el registro cayó a 2-4 y la brecha se abrió hasta -13,3.

El cambio no nació de un nuevo desplome del tiro propio. El tiro ponderado por el triple, que da medio acierto adicional a cada triple convertido porque vale un punto más, fue casi idéntico: 38,4% en el Clasificatorio y 38,6% en la Serie 1. La separación apareció en otro lado. Yale pasó de recuperar 30,1% de sus tiros fallados a 20,0%, y de recibir 76,2 a 89,0 puntos cada 100 posesiones estimadas.

Esa tensión colectiva se concentra en una rotación corta. Paola Alegre, Luana Lizzazoain, Valeria Barrett, Martina Mariño, Gisel Botta y Cinthia Mott acumulan 2.279,5 minutos, el 80,7% de todos los minutos de jugadoras registrados por Yale. Este informe las toma como las seis principales por un criterio reproducible: son las seis mayores cargas totales después de consolidar correctamente las dos variantes con las que aparece Paola Alegre en la fuente.

La respuesta corta es que Yale sigue teniendo herramientas para competir, pero hoy necesita recuperar posesiones. Sus victorias no se distinguen por un salto grande de acierto propio; se distinguen porque toma más rebotes ofensivos y obliga al rival a fallar mucho más. La disponibilidad efectiva y el reparto de carga entre esas seis jugadoras condicionan cuánto puede sostener esa fórmula.

El corte incluye los 14 partidos completos hasta el 9 de julio. Los dos encuentros programados, Lagomar-Yale del 16 de julio y Yale-Defensor todavía sin fecha, quedan fuera de todos los promedios. Los datos vienen de la ficha pública de competencia de FUBB y sus boxscores de LiveStats. El formato publicado al lanzamiento de la LFB 2026 explica por qué Yale pasó a una Serie 1 reservada a los cinco mejores del Clasificatorio.

Dos etapas y un cambio de escala

Diferencia de puntos de Yale en sus 14 partidos completos de LFB 2026

El Clasificatorio tuvo cuatro victorias bien diferenciadas. Yale venció 62-55 a Urunday Universitario, 82-55 a 25 de Agosto, 67-58 a Cordón y 55-45 a Lagomar. Las derrotas fueron 45-57 ante Defensor Sporting, 68-85 frente a Tabaré, 63-93 contra Aguada y 58-64 con Malvín. El balance de puntos fue 62,5 anotados y 64,0 recibidos por partido.

Ese 4-4 alcanzó para entrar a la Serie 1 junto con Defensor, Malvín, Aguada y Lagomar. La dificultad del nuevo grupo importa: Yale dejó de enfrentar a cuatro equipos que habían quedado debajo y pasó a jugar exclusivamente contra rivales de la mitad alta. Comparar las dos fases como si fueran la misma muestra llevaría a exagerar cualquier conclusión sobre mejora o retroceso propio.

La Serie 1 empezó con una derrota 53-75 ante Malvín, pero Yale respondió con sus dos triunfos más valiosos del tramo: 76-67 en cancha de Aguada y 52-45 contra Lagomar. Tras ese 2-1 inicial llegaron tres derrotas consecutivas: 56-71 ante Defensor, 58-76 frente a Malvín y 54-95 con Aguada. En los primeros tres partidos de la serie el margen acumulado fue -6; en los siguientes tres, -74.

Por eso el 2-4 necesita más detalle que la tabla. Yale demostró que puede ganarle a Aguada y controlar a Lagomar, pero no sostuvo ese nivel cuando el calendario encadenó a Defensor, Malvín y otra vez Aguada. En todo el torneo queda 6-8, con 60,6 puntos anotados y 67,2 recibidos por noche.

El rebote y la defensa abrieron la brecha

Comparación de Yale entre el Clasificatorio y la Serie 1

El ataque ya era limitado en el Clasificatorio y se movió poco: Yale pasó de 74,5 a 72,4 puntos cada 100 posesiones estimadas. La defensa sí cambió de escala. Los puntos recibidos subieron de 76,2 a 89,0, una pérdida de 12,8 por cada 100 posesiones. Esa diferencia explica casi todo el salto del saldo general, que pasó de -1,8 a -16,6.

El tiro propio no ofrece una explicación suficiente. Yale convirtió 38,4% de tiro ponderado por el triple en la primera fase y 38,6% en la segunda. La eficiencia que también incorpora los libres quedó en 41,7% y 41,5%. No hubo un derrumbe nuevo porque el punto de partida ya era bajo.

Las pérdidas incluso mejoraron: bajaron de 23,6% a 21,5% de las posesiones usadas. Sigue siendo un volumen alto, pero Yale entregó algo menos la pelota en la Serie 1. El problema fue no transformar esa mejora en más oportunidades propias. Su rebote ofensivo disponible cayó de 30,1% a 20,0%. En términos sencillos, pasó de recuperar aproximadamente tres de cada diez fallos a sólo dos de cada diez.

Al otro lado, el tiro rival ponderado subió de 39,7% a 42,9%. Yale concedió más retorno y, cuando falló en ataque, extendió menos sus propias posesiones. Esa combinación es especialmente costosa para un equipo que en el total de la liga ocupa el séptimo lugar entre nueve en puntos anotados cada 100 posesiones y el octavo en rebote ofensivo disponible.

Las posesiones de esta nota son estimadas desde boxscore y tienen confianza media. Sirven para comparar tramos del mismo torneo, no para afirmar que cada posesión fue contada de forma exacta. Además, la Serie 1 concentra mejores rivales. La lectura correcta no es que todo empeoró por una sola causa, sino que el margen más frágil de Yale quedó expuesto: cuando pierde el rebote y no contiene el tiro rival, su ataque no alcanza para compensarlo.

Las seis jugadoras que sostienen la estructura

Ranking de minutos de las jugadoras de Yale

La selección de las seis protagonistas no surge de una evaluación subjetiva. Paola Alegre lidera con 438,7 minutos en 13 partidos; Luana Lizzazoain suma 437,5 en 14; Valeria Barrett, 383,6 en 14; Martina Mariño, 366,7 en 14; Gisel Botta, 358,2 en diez; y Cinthia Mott, 294,9 en 13. Mott cierra el grupo con una ventaja de 131,7 minutos sobre la siguiente jugadora.

Jugadora PJ Titular Min/PJ Pts/PJ Reb/PJ Ast/PJ
Paola Alegre 13 12 33,7 12,5 3,2 2,8
Luana Lizzazoain 14 11 31,2 8,9 3,4 2,3
Valeria Barrett 14 8 27,4 11,2 5,1 2,1
Martina Mariño 14 11 26,2 9,6 7,3 2,0
Gisel Botta 10 10 35,8 15,1 12,6 2,7
Cinthia Mott 13 11 22,7 2,2 4,4 0,9

Hay una corrección de identidad indispensable. La fuente muestra a la número 3 como “P. Alegre” en seis partidos y como “B. Alegre” en siete. El nombre completo cambia de Paola Alegre a Belén Paola Alegre, pero las apariciones nunca se superponen, el club, el apellido y el dorsal son los mismos, y la secuencia es continua. Para este informe se consolidaron ambas variantes como Paola Alegre. La base pública no ofrece un identificador personal externo para cerrar el caso con certeza absoluta, por lo que la unión queda documentada como decisión analítica y no modifica los datos generales del sitio.

El 80,7% de los minutos en seis jugadoras marca una dependencia estructural. No significa que todas tengan el mismo peso ofensivo: Mott usa muy pocas posesiones y Botta concentra producción en varias áreas. Significa que los cambios de disponibilidad, faltas o rendimiento de este núcleo dejan menos margen para repartir responsabilidades sin alterar el funcionamiento.

Gisel Botta y Paola Alegre: pico integral y continuidad

Comparación estadística de Gisel Botta y Paola Alegre

Gisel Botta tiene la producción más completa del plantel. En diez partidos, todos como titular, promedia 35,8 minutos, 15,1 puntos, 12,6 rebotes, 2,7 asistencias y 3,4 robos. Entre las jugadoras de toda la LFB con al menos ocho apariciones, queda quinta en anotación, segunda en rebotes y cuarta en robos al corte. Es una combinación poco común de carga, tamaño estadístico y actividad defensiva.

Su tiro muestra dos perfiles dentro de la misma jugadora. En dobles convierte 38 de 72, un 52,8% de buen retorno y volumen. En triples queda en 14 de 67, 20,9%. También anota 33 de 54 libres. Su eficiencia total incluyendo libres es 46,4% sobre 139 tiros de cancha y 54 libres: no es alta, pero está sostenida por su capacidad de terminar cerca del aro y llegar a la línea.

Botta además toma 4,1 pérdidas por partido. Ese dato no anula su creación, pero completa el costo de una jugadora que termina muchas posesiones, rebotea y también inicia ataques. Su saldo individual de boxscore es +37 en 358,2 minutos, el único positivo entre las seis principales. Ese más/menos es descriptivo: mezcla compañeras, rivales y momento del partido, por lo que no demuestra impacto causal por sí solo.

Paola Alegre representa otra forma de centralidad. No domina una categoría, pero es la jugadora con más minutos totales y suma 12,5 puntos, 3,2 rebotes, 2,8 asistencias, 1,3 robos y 3,2 pérdidas por partido. Convierte 42 de 116 dobles, 18 de 54 triples y 25 de 35 libres. Su 44,0% de eficiencia incluyendo libres sale de 170 tiros de cancha y 35 libres.

Su rol creció en la Serie 1. Pasó de 32,3 a 35,5 minutos, de 11,6 a 13,7 puntos y de 20,4% a 24,7% de uso estimado. Al mismo tiempo, las asistencias bajaron de 3,4 a 2,2 y la eficiencia incluyendo libres cayó de 46,3% a 41,9%. Yale le pidió más finalización en un tramo más exigente y recibió más puntos, pero no más retorno por intento.

Botta y Alegre son complementarias. Botta cambia el rebote y produce en varias columnas; Alegre asegura continuidad, manejo y volumen. El desafío es que ambas cargan más de tres pérdidas por partido. En un ataque que ya genera poco margen, cada posesión perdida obliga a la defensa a ser todavía mejor.

Luana Lizzazoain y Valeria Barrett: dos perímetros opuestos

Comparación estadística de Luana Lizzazoain y Valeria Barrett

Luana Lizzazoain es la tiradora más eficiente de las seis principales. Convierte 22 de 55 triples, exactamente 40,0%, y termina con 51,3% de eficiencia incluyendo libres sobre 108 tiros de cancha y 29 libres. Ninguna de las otras cinco alcanza ese retorno total. Su volumen, sin embargo, es menor que el de Barrett, Alegre, Mariño y Botta.

En 14 partidos aporta 8,9 puntos, 3,4 rebotes, 2,3 asistencias y 2,1 robos en 31,2 minutos. El punto débil está en el cuidado de la pelota: pierde 3,1 por noche y da 0,74 asistencias por cada pérdida. Ese problema se hizo más visible en la Serie 1. Sus minutos subieron de 30,0 a 32,9, pero pasó de 10,4 a 6,8 puntos, de 54,3% a 46,2% de eficiencia incluyendo libres y de 2,4 a 4,0 pérdidas.

Valeria Barrett juega con otra distribución. Tomó 169 tiros de cancha, casi tantos como Paola Alegre, y 124 fueron triples. El 73,4% de sus lanzamientos llega desde afuera. Convirtió 30, un 24,2%. En dobles, en cambio, quedó en 23 de 45, 51,1%. El contraste no prueba que deba abandonar el triple: la selección y la dificultad de cada tiro no son iguales. Sí muestra dónde se concentra el costo actual de su volumen.

Barrett promedia 11,2 puntos, 5,1 rebotes, 2,1 asistencias, 2,1 robos y 2,4 pérdidas en 27,4 minutos. En la Serie 1 subió de 10,6 a 12,0 puntos y de 4,8 a 5,7 rebotes, mientras bajó de 2,8 a 2,0 pérdidas. Su eficiencia total permaneció baja, 42,3%, pero su producción no se contrajo como la de Lizzazoain.

Para Yale, la pareja plantea una pregunta de distribución. Lizzazoain devuelve mucho más desde el triple, pero atraviesa un tramo de menor anotación y más pérdidas. Barrett sostiene el volumen y rebotea mejor, pero necesita 124 intentos para sus 30 triples. Conseguir que Luana reciba más tiros limpios y que Valeria transforme parte de su presión exterior en ataques de dos puntos puede subir el retorno sin pedirle a una sola jugadora que resuelva todo.

Martina Mariño: más responsabilidad y un mapa que señala el siguiente paso

Evolución entre etapas y tiros por zona de Martina Mariño

Martina Mariño es una pieza central del informe por rol, no sólo por nombre. Jugó los 14 partidos, fue titular en 11 y suma 366,7 minutos. Promedia 9,6 puntos, 7,3 rebotes, 2,0 asistencias, 1,9 robos y 4,1 pérdidas. Dentro de Yale es segunda en rebotes y tiene el uso estimado más alto de las seis, 26,5%, sobre 145 tiros de cancha y 57 libres.

Su crecimiento entre fases es claro. En el Clasificatorio jugó 23,2 minutos, anotó 8,4 puntos y tomó 7,0 rebotes por partido. En la Serie 1 pasó a 30,2 minutos, 11,2 puntos y 7,7 rebotes. También mejoró la eficiencia incluyendo libres de 36,5% a 42,8%, mientras las pérdidas bajaron levemente de 4,3 a 3,8.

Es importante separar más minutos de más monopolio. Su uso estimado bajó de 27,7% a 25,6%: Mariño terminó una proporción algo menor de las posesiones mientras estuvo en cancha, pero jugó siete minutos más por noche. La carga total creció por permanencia y no porque todo el ataque pasara por ella.

El mapa de tiro muestra dónde puede ganar más. Cerca del aro convirtió 23 de 47, 48,9%. En la pintura, pero fuera de la zona inmediata del aro, quedó en 14 de 50, 28,0%. En media distancia anotó 3 de 18, 16,7%, y desde el triple 7 de 30, 23,3%. Sus 97 intentos en aro o pintura representan dos tercios de todo su volumen, una señal de agresividad interior; el retorno cambia mucho según qué tan cerca termina.

En los totales convirtió 40 de 115 dobles y 33 de 57 libres. Los 33 rebotes ofensivos, 69 defensivos y 57 viajes a la línea muestran que su contribución no depende del triple. Sus mejores caminos son llegar hasta el aro, sostener el rebote y convertir más libres. Los tiros cortos fuera del aro y la media distancia, 68 intentos combinados con 17 aciertos, son el área de menor retorno.

La ficha pública de Martina Mariño la lista como ala de 1,74 metros y 21 años. Ese contexto ayuda a leer su versatilidad, pero la conclusión de esta nota sale de sus partidos: Yale ya le amplió el rol y ella elevó su producción en la fase difícil. El próximo salto no exige más volumen indiscriminado; exige distinguir mejor entre llegar al aro y quedarse en una definición de bajo retorno.

Cinthia Mott y un banco de relevos repartidos

Producción normalizada de las seis principales y minutos de las alternativas de Yale

Cinthia Mott completa las seis mayores cargas con un rol muy distinto. Fue titular en 11 de sus 13 partidos y juega 22,7 minutos, pero toma apenas 3,9 tiros y anota 2,2 puntos por noche. Su uso estimado es 10,7%, el menor del núcleo. No está en cancha para terminar ataques al ritmo de Mariño, Barrett o Botta.

Su aporte principal es sostener tamaño y rebote: 4,4 por partido y 7,7 cada 40 minutos. Agrega 0,9 asistencias, 0,5 robos y 1,5 pérdidas. El retorno de tiro es muy bajo, 12 aciertos en 51 intentos y 26,4% de eficiencia incluyendo libres. Esa limitación permite a las defensas prestarle menos atención, pero también explica por qué sus minutos no pueden evaluarse sólo desde los puntos.

El último partido del corte resume la ambigüedad. Mott produjo ocho puntos y ocho rebotes ante Aguada, su máxima anotación de la temporada, en 27,3 minutos. Yale perdió 95-54 y su saldo individual fue -37. Fue su mejor línea ofensiva en el peor resultado colectivo. Una actuación no cambia el perfil ni permite atribuirle el desenlace.

Detrás de las seis, Milagros Ferreira es la alternativa con más continuidad: 13 partidos, 12,6 minutos, 2,2 puntos y 1,9 rebotes. Noelia Pastrana ofrece más producción por aparición, 5,2 puntos, 3,3 rebotes, 2,2 asistencias y 2,2 robos, pero sólo jugó seis encuentros. Julieta Banfi suma ocho partidos a 11,4 minutos; Sofía Risso, cuatro; Catalina Espalter, cinco.

El banco tiene perfiles útiles, aunque ninguno acumula 165 minutos. La distancia entre Mott y Ferreira, sexta y séptima en carga, es mayor que la diferencia entre las primeras cinco. Eso deja una rotación con un núcleo definido y relevos que aparecen por ventanas. Cuando una de las principales no juega, el reemplazo no surge de una séptima jugadora con el mismo volumen acumulado.

El corte de Botta es una señal, no una prueba causal

Resultados de Yale con y sin minutos de Gisel Botta, junto con dificultad rival

Yale tiene registro 6-4 en los diez partidos en los que Gisel Botta sumó minutos y 0-4 en los otros cuatro. Con ella, el margen fue -0,6 por partido, el ataque produjo 77,1 puntos cada 100 posesiones estimadas y la defensa recibió 77,8. Sin sus minutos, esos valores pasaron a -21,5 por partido, 64,8 en ataque y 91,0 en defensa.

El rebote acompaña la diferencia: Yale recuperó 28,9% de sus fallos en el primer grupo y 18,2% en el segundo. Es coherente con una jugadora que toma 12,6 rebotes por noche, 3,2 de ellos ofensivos. También coincide con la tesis general del informe: cuando Yale pierde segundas oportunidades, su ataque queda sin margen.

Pero presentar ese 6-4 contra 0-4 como el “efecto Botta” sería incorrecto. El primer partido sin minutos fue el debut ante Defensor. Los otros tres fueron los últimos del corte: Defensor, Malvín y Aguada. Es decir, los cuatro encuentros sin minutos de Botta fueron contra tres de los mejores equipos de la liga.

El gráfico cuantifica esa dificultad. Los rivales enfrentados con Botta tenían un saldo medio de +0,4 puntos cada 100 posesiones en su temporada; los rivales de los cuatro partidos sin ella, +19,8. El segundo grupo fue mucho más exigente incluso antes de mirar a Yale.

La conclusión acotada es valiosa: la falta de minutos de la principal reboteadora coincidió con la ventana más difícil y con una caída fuerte del rendimiento. La base estadística no informa si fue lesión, decisión técnica, indisponibilidad u otra causa, de modo que la nota no adjudica un motivo. Tampoco puede separar cuánto corresponde a Botta y cuánto a Defensor, Malvín y Aguada. Sí identifica una pregunta concreta para el cierre: qué núcleo estará efectivamente disponible y cómo reemplazará Yale el rebote si vuelve a faltar esa producción.

Qué necesita recuperar Yale en el próximo tramo

Comparación estadística entre las victorias y derrotas de Yale

Las seis victorias y las ocho derrotas ofrecen una guía descriptiva. El tiro propio ponderado casi no cambia: 38,7% en los triunfos y 38,3% en las caídas. Esperar que Yale gane solamente porque una noche entran más lanzamientos no coincide con la muestra disponible.

El rebote sí separa los resultados. En las victorias, Yale recuperó 31,7% de sus tiros fallados; en las derrotas, 21,0%. Las pérdidas bajaron de 23,3% a 22,0%, una mejora pequeña. La diferencia grande volvió a aparecer en el otro aro: los rivales tuvieron 34,6% de tiro ponderado en los triunfos de Yale y 45,9% en sus derrotas.

Esa combinación produjo dos partidos distintos. En las victorias, Yale anotó 79,3 y recibió 65,4 puntos cada 100 posesiones estimadas. En las derrotas, anotó 69,3 y recibió 93,9. Parte de la diferencia es circular, porque dividir por resultado siempre separa rendimientos buenos y malos. Su utilidad no está en predecir, sino en localizar las áreas que más se mueven.

El cierre deja tres señales concretas. La primera es volver a disputar cerca de tres de cada diez rebotes ofensivos, en lugar del 20,0% de la Serie 1. La segunda es bajar el retorno del rival: el ataque propio no mostró suficiente variación como para cubrir una defensa cercana a 90 puntos recibidos cada 100 posesiones. La tercera es repartir mejor las posesiones del núcleo: Lizzazoain necesita recuperar eficiencia sin cuatro pérdidas por noche, Barrett convertir mejor parte de su enorme volumen exterior y Mariño sostener su crecimiento atacando más cerca del aro.

Lagomar-Yale figura programado para el 16 de julio a las 21:30. Yale ya le ganó dos veces, 55-45 y 52-45, pero ambos antecedentes tuvieron minutos de Botta y un contexto distinto. El otro partido pendiente es Yale-Defensor, todavía sin fecha al momento del corte. Esta nota no proyecta posiciones ni aplica criterios de desempate que no estén documentados en la fuente.

El análisis usa 14 boxscores completos, 914 tiros y cobertura de jugada a jugada en los 14 encuentros, con 7.566 eventos. No se presentan datos con/sin jugadora ni quintetos porque la reconstrucción exacta de tramos no validó con suficiente confianza para este corte. Las posesiones y el uso son estimados; los porcentajes siempre aparecen junto con partidos, minutos o intentos.

Yale no necesita una explicación única. Necesita reconstruir una cadena: asegurar el rebote, contener el tiro rival y sostener a las seis jugadoras que cargan cuatro de cada cinco minutos. Martina Mariño ya amplió su responsabilidad, Botta ofrece el pico integral, Alegre mantiene la continuidad y Lizzazoain y Barrett definen el retorno exterior. La Serie 1 endureció el contexto; ahora el margen depende de que esas piezas vuelvan a producir posesiones, no sólo puntos.