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Schunk rozó el récord, pero sigue en 32 rebotes

Martina Schunk no quebró el récord femenino del periodo analizado, pero su partido con Cordón entra en una franja mínima: cinco actuaciones individuales de 26 o más rebotes entre 16.147 registros femeninos, por encima de los máximos observados de LUB y DTA.

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Martina Schunk, de 1,81 metros, es una interna argentina de 22 años, nacida en Villaguay, Entre Ríos, formada en el básquet entrerriano y asentada en Tomás de Rocamora, donde desde 2021 fue ganando lugar hasta convertirse en una de las referencias interiores del equipo. En la Liga Femenina argentina ya venía marcada por liderar los tableros: en 2025 cerró la fase regular entre las mejores reboteadoras de la competencia y, antes de una lesión plantar en la temporada siguiente, llegó a promediar 12 puntos y 12 rebotes.

Su llegada a Cordón para jugar la Liga Femenina uruguaya tiene ese antecedente. Por eso, lo que hizo ante Urunday Universitario no aparece de la nada. No es sólo una extranjera alta que ocupa la pintura: es una jugadora que trae volumen de rebote, lectura cerca del aro y rodaje en una liga exigente.

El miércoles 6 de mayo de 2026, esa carta de presentación se transformó en el tema de la noche. Cordón perdió 67-49 ante Urunday Universitario por Liga Femenina, pero Schunk terminó con una actuación que no se puede leer rápido: 23 puntos, 26 rebotes, 11 ofensivos, 15 defensivos, 3 tapas y 4 robos en 37 minutos y 12 segundos.

La primera pregunta es inevitable: ¿fue récord absoluto de la Liga Femenina? Con el registro digital público comparable, la respuesta es no. El récord femenino sigue en 32 rebotes, de Sabrina Molina para 25 de Agosto contra Yale en 2023. Pero esa respuesta corta no alcanza, porque también puede achicar una noche que fue enorme.

Los 26 de Schunk entran en una zona mínima del básquet uruguayo reciente. En el registro femenino hay 16.147 actuaciones individuales y sólo cinco llegaron a 26 rebotes o más. La mediana femenina es 3 rebotes; el 99% de las actuaciones queda en 16 o menos. Schunk no quedó primera, pero sí quedó donde casi nadie llega.

Esta nota usa esa noche como disparador. No es sólo una búsqueda de récord. Es un mapa de rebotes: qué cubre el registro, qué deja afuera, dónde está Schunk dentro del femenino, cómo se explica su partido, qué pasó con Cordón, dónde están los máximos masculinos y qué tan frecuente es ver noches de 20 rebotes en Femenino, Metro, LUB y DTA.

Schunk entró en el top 5

Ranking histórico femenino de rebotes individuales

El ranking femenino deja la respuesta ordenada. Sabrina Molina está arriba con 32 rebotes en 2023. Después aparecen dos partidos de 28: Candela Gentinetta con Aguada en 2022 y Celia Fiorotto con Bohemios en 2020. El siguiente escalón es 26, compartido por Debora Coli en 2024 y Martina Schunk en 2026.

Por eso hay que decirlo en dos frases, no en una. Schunk no tiene el récord femenino del registro digital. Pero Schunk sí hizo una de las cinco mayores actuaciones reboteras femeninas que aparecen en ese registro.

La distancia con el resto también importa. Hay 30 actuaciones femeninas de 20 rebotes o más. De 24 o más hay siete. De 26 o más quedan cinco. Y por encima de 26 hay sólo tres. Eso ubica la noche de Cordón lejos de la discusión común de “jugó bien” o “dominó el tablero”. Esta fue una marca fuera de lo común.

Además fue una marca en derrota. Eso suele cambiar la memoria del partido. Si Cordón ganaba, los 26 rebotes quedaban pegados al relato de una noche redonda. Como perdió por 18, corren el riesgo de quedar como dato suelto. No lo son. Schunk sostuvo buena parte de lo que Cordón pudo hacer en la pintura y en las segundas oportunidades.

Su partido fue de sostén real

Reparto de rebotes de Martina Schunk dentro de Cordón

El volumen de Schunk no salió solamente de jugar muchos minutos. Salió de cargar el tablero de Cordón en los dos aros. El equipo terminó con 65 rebotes y ella tomó 26: el 40% del total.

El dato más fuerte está en ataque. Cordón capturó 24 rebotes ofensivos; Schunk tomó 11. Casi la mitad de las segundas chances del equipo nacieron de ella. No fue una noche de rebotes largos que caen por casualidad. Fue una noche de insistir cerca del aro, volver a pelear después del tiro errado y mantener posesiones que ya parecían cerradas.

Atrás también pesó. Cordón sumó 41 rebotes defensivos y Schunk tomó 15. Es el 37% del cierre de tablero defensivo del equipo. En un partido con mucho tiro errado y muchas posesiones sucias, ese trabajo evitó que Urunday Universitario repitiera todavía más.

La ficha completa le da más contexto: 23 puntos, 7/18 de cancha, 9/13 en libres, 3 tapas y 4 robos. No fue una reboteadora aislada en una noche ofensiva vacía. Fue la principal fuente de puntos de Cordón y, al mismo tiempo, su garantía más firme para competir el rebote.

Ahí se entiende por qué la marca se siente más grande que el número. Debora Coli también llegó a 26 en 2024, pero con 10 puntos. Schunk hizo 26 rebotes y 23 puntos en un equipo que apenas llegó a 49. En ese contexto, su peso ofensivo fue enorme.

Cordón ganó en la tabla pero perdió la pelota

Comparación de Cordón y Urunday Universitario en rebotes, pérdidas, tiro y puntos cada 100 posesiones

El partido tiene una paradoja de básquet: Cordón ganó la tabla 65-44 y perdió por 18. En general, una ventaja así en rebotes te mete en partido. Acá no alcanzó porque el resto de la ficha empujó para el otro lado.

La primera explicación son las pérdidas. Cordón perdió 33 pelotas; Urunday Universitario, 18. El rebote te devuelve tiros, pero la pérdida te saca la chance de tirar. Schunk recuperó muchas posesiones con sus 11 rebotes ofensivos, pero el equipo entregó demasiadas antes de llegar a una buena definición.

La segunda explicación es el tiro. Cordón terminó 17/69 de cancha y 2/19 en triples: 25% en tiros de cancha y 11% de tres. Urunday tampoco tuvo una noche de lujo, pero fue bastante más limpio: 24/74 de cancha y 7/32 en triples. En un partido trabado, esos cinco triples de diferencia pesan.

La tercera mirada es por posesiones, para que el ritmo no confunda. Cordón anotó 55,9 puntos cada 100 posesiones estimadas. Urunday llegó a 76,0. La brecha no estuvo en correr más o menos; estuvo en qué hizo cada equipo cuando tuvo la pelota.

Por eso el partido deja dos lecturas al mismo tiempo. Individualmente, Schunk tuvo una noche histórica dentro del periodo digital femenino. Colectivamente, Cordón mostró el límite de ganar la tabla si pierde demasiado la pelota y no castiga desde afuera. Los 24 rebotes ofensivos terminaron en sólo 12 puntos de segunda oportunidad. Ahí quedó una parte grande de lo que faltó.

Los récords femeninos tienen contextos distintos

Contexto de los partidos femeninos con más rebotes

Los partidos que están arriba de Schunk no se parecen todos. El récord de Sabrina Molina tuvo contexto de noche larga y cerrada: 25 de Agosto le ganó 83-79 a Yale en 2023, ella jugó 46:17 y terminó con 28 puntos, 15 rebotes ofensivos y 17 defensivos. No fue sólo volumen; fue volumen con partido caliente.

La marca de Candela Gentinetta fue otra cosa. Aguada le ganó 81-63 a Defensor Sporting en 2022 y dominó el tablero 68-29. Gentinetta hizo 22 puntos y 28 rebotes, con 9 ofensivos y 19 defensivos. Ahí el rebote individual fue parte de un golpe colectivo clarísimo.

Celia Fiorotto llegó a 28 en Bohemios 67-Hebraica Macabi 62, en 2020. Su registro fue casi todo defensivo: 25 rebotes atrás. Ese partido cuenta otra historia: cerrar una y otra vez la posesión rival en un juego parejo, más que cargar el rebote de ataque.

Debora Coli y Schunk comparten el escalón de 26, pero tampoco son iguales. Coli tomó 20 defensivos y 6 ofensivos en una derrota 50-52 de 25 de Agosto ante Lagomar. Schunk repartió 11 ofensivos y 15 defensivos, con 23 puntos. La noche de Coli fue más de limpiar atrás; la de Schunk fue de sostener al equipo en ambos tableros.

Ese repaso ayuda a no leer el ranking como una lista seca. Los grandes partidos de rebote nacen de contextos distintos: alargues, noches de bajo acierto, dominio físico, partidos cerrados, segundas oportunidades. Lo de Schunk entra en una familia particular: una jugadora que sostuvo el tablero y la anotación de su equipo, aunque Cordón no pudo convertir eso en resultado.

El femenino lidera los récords de rebotes

Máximos individuales de rebotes por categoría

Cuando se abre el periodo analizado a Femenino, Metro, LUB y DTA, el récord sigue en el femenino: 32 rebotes de Sabrina Molina. Metro aparece segundo con 29, por Tavario Miller en Unión Atlética ante Colón en 2019. Después quedan LUB y DTA, ambas con máximo de 23 en el registro digital comparable.

Ese gráfico responde una pregunta distinta a la del ranking femenino. No busca decir qué categoría es “más difícil” o “más fácil”. Las ventanas no tienen la misma cantidad de partidos, ni la misma época, ni el mismo calendario. Lo que dice es más concreto: en el periodo analizado, los récords de rebotes más altos están en Femenino y Metro.

Ahí los 26 de Schunk toman otra escala. No superan el récord femenino ni el récord general del periodo analizado, pero sí quedan por encima de todo lo observado en LUB y DTA. Para una jugadora de Liga Femenina, eso no es un detalle menor. La ubica en un lugar que cruza ramas y divisionales.

También conviene leer el 23 de LUB con contexto. En el registro digital actual aparecen Esteban Batista, Chaz Crawford y Frank Hassell como máximos con 23. Batista, además, tiene antecedentes históricos fuera de esta ventana que no se incorporan al ranking calculado. Por eso la comparación correcta no es “Schunk superó la historia de Batista”, sino “Schunk superó el máximo LUB observado en este registro comparable”.

En masculino, el récord está en Metro

Máximos masculinos de rebotes por competencia

La película masculina por competencia muestra tres perfiles. Metro tiene el récord más alto: Tavario Miller llegó a 29 en 2019, y Randy Rickards volvió a tocar 26 en 2024. Es la rama masculina que más se acerca al récord femenino y la única que supera la noche de Schunk.

LUB aparece más comprimida. Entre 2018/19 y 2024/25, sus máximos por temporada se mueven casi siempre entre 22 y 23. Los nombres explican el tipo de registro: Eric Dawson, Hatila Passos, Jonathan Araujo, Esteban Batista, Chaz Crawford, Frank Hassell. Internos pesados, oficio de pintura, cierres de tablero. La temporada 2025/26, todavía en curso para este periodo analizado, aparece con un máximo menor: 18.

DTA tiene una curva más irregular. Arranca con 23 de Javier Crocano en 2019, baja a 18-20-19 en 2021-2023 y vuelve a 23 en 2024 y 2025, con Pedro Leopoldino, Arle Zaporta, Joaquín Jones y Rogelio De León. En DTA hay más empates en el récord reciente, pero el límite digital sigue siendo 23.

Los nombres del máximo masculino por categoría quedan así:

Categoría Jugador Equipo Partido Rebotes
Metro Tavario Miller Unión Atlética Unión Atlética 100-86 Colón, Metro 2019 29
LUB Esteban Batista Hebraica y Macabi Hebraica y Macabi 90-92 Aguada, LUB 2021/22 23
LUB Chaz Crawford Cordón Cordón 66-55 Hebraica y Macabi, LUB 2023/24 23
LUB Frank Hassell Aguada Aguada 88-90 Nacional, LUB 2024/25 23
DTA Arle Zaporta San Telmo RS San Telmo RS 81-76 Juventud de Las Piedras, DTA 2025 23
DTA Javier Crocano Dep. Paysandú Dep. Paysandú 78-68 Montevideo B.B.C., DTA 2019 23
DTA Pedro Leopoldino Juventud de Las Piedras Juventud de Las Piedras 80-67 Defensores de Maroñas, DTA 2024 23
DTA Joaquín Jones Ateneo Piriápolis Ateneo Piriápolis 87-74 Auriblanco, DTA 2025 23
DTA Rogelio De León Olivol Mundial Olivol Mundial 112-105 Defensores de Maroñas, DTA 2025 23

La tabla y el gráfico no dicen lo mismo. La tabla fija los nombres de los récords de cada categoría. El gráfico muestra cómo se movió ese máximo torneo a torneo. Juntos dejan el lugar de Schunk bien ubicado: por debajo de Miller, igualada por Rickards en el máximo de Metro 2024, y por encima de todos los máximos digitales de LUB y DTA.

Qué tan rara fue la noche de Schunk

Qué tan seguido aparecen actuaciones de 20 o más rebotes

Esta figura no habla del récord; habla de frecuencia. Toma cada categoría y pregunta algo simple: de cada 1.000 actuaciones individuales, ¿cuántas llegan a 20 rebotes? Ese corte sirve porque 20 ya separa una muy buena noche de una noche realmente fuera de escala.

El femenino lidera también ahí: tiene 30 actuaciones de 20 o más rebotes, 1,9 cada 1.000 registros individuales. Metro tiene más casos totales, 42, pero sobre una base más grande queda en 1,7 cada 1.000. DTA aparece en 1,4 y LUB bastante más abajo, en 0,6.

Dicho en lenguaje de cancha: la Liga Femenina, dentro del periodo analizado, no sólo tiene el récord más alto; también es donde aparecen con mayor frecuencia relativa las noches grandes de rebote. Pero incluso ahí son escasas. Schunk no llegó apenas a 20, que ya es un corte fuerte. Llegó a 26, una marca que sólo aparece cinco veces en todo el registro femenino.

El disparador fue Schunk, pero el cierre es más amplio. En el básquet uruguayo con fichas digitales comparables, una noche de 26 rebotes todavía rompe la escala. No alcanza para decir “récord absoluto histórico”, porque hay antecedentes anteriores que no entran en este método. Sí alcanza para decir algo fuerte y defendible: Martina Schunk hizo una de las grandes noches de rebote del registro femenino, una marca que cruza el panorama de categorías y que Cordón deberá convertir en juego más limpio si quiere que ese dominio de la pintura también cambie partidos.

El periodo analizado: datos digitales, no archivo total

Desde cuándo llega este registro digital

El punto de partida es importante. Este análisis no afirma cubrir toda la historia del básquet uruguayo. Cubre el registro digital público comparable: fichas completas disponibles en Femenino, Metro, LUB y DTA. En Femenino hay datos parciales desde 2017 y una ventana más robusta desde 2020; Metro entra desde 2019; LUB desde 2018/19; DTA desde 2019, con salto de 2020 y continuidad 2021-2025.

Eso cambia el lenguaje correcto. No corresponde decir que Schunk quedó cuarta en la historia completa del básquet uruguayo, ni que Sabrina Molina tiene el récord absoluto histórico de todos los tiempos. Lo que sí se puede decir, con respaldo, es que Molina tiene el récord del registro digital femenino y que Schunk entró en el tercer escalón de ese mismo periodo analizado.

También hay que dejar afuera, explícitamente, las marcas anteriores a la etapa de fichas digitales comparables. Existen antecedentes y memorias de récords previos, incluyendo registros asociados a Esteban Batista antes o fuera de esta ventana. Se reconocen como parte de la historia, pero no se mezclan en el ranking calculado porque no tienen el mismo soporte de ficha pública completa. Si se mezclaran, el análisis perdería comparabilidad.

Esa salvedad no debilita la nota; la ordena. La pregunta acá es concreta: dentro de lo que se puede comparar con el mismo criterio, ¿qué tan alta fue la noche de Schunk?